Barvič a Novotný

Viajo sola. Adoro caminar por ciudades totalmente desconocidas para mí. Nunca leo guías de viaje ni recomendaciones de lugares. Descubro las cosas a mi paso por ellas. Hablo con mucha gente. Observo el ambiente y la manera de comunicarse los paisanos entre si. Me recreo en tiendas absurdas. Y paso de puntillas por las catedrales. De cada viaje vuelvo a casa con varios libros como único souvenir. Los compro en el idioma local, aunque luego no pueda leerlos. Me gusta que mi dinero como turista llegue también al sector cultural-literario de la ciudad.

Visité Brno en 2018 y el último día de paseo me topé con Barvič a Novotný. Es una hermosa librería que está muy cerca del Castillo de Špilberk. Ese día subí a lo alto de la colina para admirar el castillo únicamente desde fuera, pues ya os he dicho que tengo un particular modo de observar el mundo y no suelo incluir lugares turísticos en mis paradas. En lugar de entrar a la imponente fortaleza, la admiré por fuera, leí su historia en los carteles de la entrada, paseé alrededor del foso y me quedé maravillada con la vista panorámica de la ciudad que se contemplaba desde allí arriba. Cuarenta y cinco minutos más tarde, volví a bajar para confundirme con los checos montándome un pequeño pic-nic en el césped de la frondosa colina que lo rodea. Me comí un sándwich y un snack, bebí agua y me relajé tumbándome a leer un rato con la cabeza apoyada en la mochila. Era junio y sentí la caricia de la suave temperatura checa, acompañada de una ligera brisa que alternaba el sol con las nubes.  Se escuchaba a los pajaritos y estaba de lujo leyendo ahí tirada, pero al rato decidí seguir bajando hasta la ciudad y continuar con mi jornada.  Nada más cruzar la avenida Husova, caminé hacia mi derecha y me adentré en el corazón de la antigua Brno por la primera callecita que encontré. Iba admirando la arquitectura típica y los soportales de la calle cuando mis ojos fueron a parar a una cervecería típica checa. Me detuve en su puerta y leí Pivnice U Poutníka. Decidí entrar. Como no suelo beber, todavía no había probado la cerveza. Olía a madera vieja regada y macerada con lo que los checos consideran su ‘pan líquido’. Eran alrededor de las dos de la tarde y todavía no había ni la mitad de gente que suele abarrotar estos templos a partir de las cinco. Pedí una cerveza con cuerpo, igual que la que bebía un ejecutivo sentado en la barra a poco más de un metro de mí. No sé de qué estaba hecha. Era rubia. Creo que sería malta. Me senté en una mesa de madera. A beber y observar el lugar y el comportamiento de los clientes. Casi una hora después todavía no había conseguido acabarme la jarra, pero decidí que era hora de seguir paseando. Al levantarme noté los efectos del alcohol en mi cuerpo. Un ligero mareo y flojera de piernas. Y al notarlo me entró una risilla incontrolable. El aire de fuera me vino muy bien. El cielo estaba bastante más nublado que durante la mañana. Hacía fresco, cosa que me sirvió para enderezarme un poco más. Me puse la chaqueta y empecé a andar a paso lento y sin rumbo hasta que me encontré delante de Barvič a Novotný. “Bien”, pensé “Por fin he llegado a mi destino”.  Entré directa. La librería está reformada, pero han conservado y restaurado viejas estanterías, sillas, mesas, mostradores, barandillas y lámparas. Su escalera de caracol con una pared recubierta de lomos de libros con cientos de novelas, nombres de autores y logos de editoriales le da a la librería un original y colorido toque de gracia, creando una mezcla perfecta entre solera y actualidad. Saludé a la librera en inglés y me puse a hojear libros por todas las secciones del primer piso. Al cabo de quince minutos, se acercó la librera hacia mí:

—¿Buscas algo en concreto? —me preguntó amablemente.

—No, sólo miro. Me gusta hojear libros, descubrir autores, inspirarme con los diseños de portada…

—Ah, genial. ¿De dónde eres? —soy morena, con mucho pecho, amplias caderas y chaparra. De madre colombiana y padre español, por lo que se nota a distancia que no soy eslava.

—De Huesca, España.

—Cualquier pregunta, curiosidad o lo que necesites, no dudes en molestarme. Arriba hay un apartado de literatura extranjera donde puedes encontrar muchos libros en inglés y algunas referencias también en español, alemán y francés.

—Genial, aunque siempre me interesa más indagar en la literatura local —contesté con desgana. Odio que me envíen a ver los libros que menos les interesan a los clientes locales.

—Déjame que te recomiende entonces a Pavel Kohout. Está ahí —dijo señalando una estantería a nuestra izquierda—. Y su última novela, aunque hace ya casi cuatro años que se publicó, sigue estando en novedades, a la entrada. Es un bestseller. Igual que Kundera y su Insoportable levedad del ser, que se soporta porque se vende a diario —afirmó la librera.

—A mí me gustó ese libro —repliqué.

—Conozca a Pavel Kohout. Y cuando vuelva hablaremos más sobre literatura checa. Y déjeme proponerle una última sugerencia, una autora más contemporánea a nosotras. Llévese algo de Petra Hůlova —dijo alejándose de vuelta hacia el mostrador.

Imagen de la escalera de la librería, extraída de la web https://brnensky.denik.cz/

Continué mirando libros y me deleité subiendo aquella hermosa escalera. Hice algunas fotos de la escalera con gente y sin gente. Qué bonito el segundo piso. Tenían un saloncito con algunas mesitas y una pequeña cafetería. Me encantan las librerías con espacios así, pues las personas como yo necesitamos estar un buen tiempo dentro del establecimiento para decidir qué nos llevamos y un café o una bebida para pasar ese rato siempre se agradece. Cuando ya me había recorrido todos los apartados del primer y segundo piso y había seleccionado tres libros, me senté en una de las mesitas a deleitarme con el olor a libro nuevo y a café recién hecho. Aunque había más gente pululando por la librería, no había ninguna otra mesa ocupada y el chico que me había servido el café, un joven menor que yo con barba castaña, gafas de pasta, camisa de cuadros y mandil verde con el logo de la librería bordado, seguía a lo suyo preparando y ordenando cacharros dentro del quiosco cafetería.

Abrí un libro y comencé a hojearlo. Era de páginas gruesas y tapas duras. Bebí un sorbo de café y me quemé un poco la lengua. Pasando páginas, y debido al aturdimiento que todavía me provocaba el alcohol de la cerveza y el cansancio de todo el día caminando, me quedé dormida. Quince o veinte minutos después me despertó un frrsssssh. La leche calentándose en la máquina de café. Estaba desubicada, miré hacia el ruido y el camarero me saludó.

—Buenas tardes —sonrió— ¿Soñó usted algo digno de novela?

—Soñé que me quedaba a vivir aquí, en la librería. Que estábamos en el siglo diecinueve y venían cortesanos y burgueses a comprar libros y mapas —le contesté antes de darle un sorbo a mi café. Ya no quemaba.

—Mapas no sé si se han vendido aquí alguna vez. Lo que sí tenemos es música. Una amplia colección de vinilos de música clásica, jazz y soul.

—Interesante.

—¿También disfruta durmiéndose con la música? —me preguntó con ironía el camarero.

 No pude aguantarme y, como estaba bebiendo, se me escapó una carcajada que me hizo escupir el café por toda la mesa y en las tapas de los libros que tenía esparcidos por la mesa.

—Vaya, ahora me va a tocar llevármelos todos —dije, terminando de limpiarme la boca y con una risa vergonzosa que no me abandonaba.

Cuando me di cuenta, el chico estaba de pie frente a mi mesa, dispuesto a limpiarme el destrozo. Le cogí la balleta y empecé a limpiar. Primero los libros.

—Discúlpeme. Me siento avergonzada —dije.

—No se disculpe. ¿Me permite? —preguntó quitándome la balleta de la mano— Me ha alegrado usted la tarde.

—Claro. Se estará riendo mucho de mí.

—Es usted muy diferente al resto de visitantes que acostumbramos a ver por la librería.

—¿Cómo son? —pregunté. Tenía curiosidad de saber a qué se refería.

—Sobre todo desde la reforma, vienen se hacen fotos en la escalera y se van. Casi sin saludar. Y la mayoría se coge un libro de novedades o clásicos de la literatura checa en inglés y bye, bye —me explicó, terminando su exposición con un gesto de adiós desde su mano derecha. Cuando ya se estaba dando la vuelta para marcharse a su puesto, se giró en seco— Usted, sin embargo, ha hecho suya Barvič a Novotný. Ha investigado por todos los estantes. Se ha interesado por los autores checos y se está tomando un café delante sus tres libros elegidos en idioma local. ¡Si hasta ha soñado que vivía aquí! Enhorabuena, como tataranieto de Novotný me siento orgulloso de haber servido a una clienta como usted —concluyó, dándose la vuelta.

¡Wow! Ahora era yo la impresionada por el chico. No podía dar crédito de estar en la librería más antigua de Brno y haber conocido a un familiar de uno de los fundadores. Me levanté, me dirigí hacia la barrita de la cafetería y le propuse que si de verdad era quien decía ser me interesaría mucho volver a verle y conocer la verdadera historia de mi templo favorito de Brno. No quise pedirle el teléfono, pero acordamos vernos a las nueve en el Bar Který neexistuje.

Acudí puntual a la cita y esperé durante media hora. No vino. Quizá no era quién dijo ser. A lo mejor estaba muy cansado al salir del trabajo. O puede que le hubiese ocurrido algo peor. Qué le iba a hacer, nunca lo averiguaría así que decidí entrar a picar y beber otra cerveza. El bar tenía muy buena pinta y no iba a desaprovechar la oportunidad de conocer un local como aquel dejándome vencer por la decepción. Me pedí un sándwich con muchas cosas y patatas fritas. Tenía un enorme apetito, pues no había tomado nada más que aquel café que acabó derramando en la librería desde que había almorzado alrededor de la una de la tarde. Bebí cerveza al tiempo que masticaba las patatas. En el fondo hasta me alegraba que el chaval nunca hubiese aparecido, pues habría tenido que mantener otro ritmo y, al fin y al cabo, viajo sola porque prefiero hacerlo todo a mi manera y a mi ritmo. A la media hora de terminar con la cena, abandoné la mesa y pedí otra cerveza en la barra. Media jarra después ya me contoneaba al ritmo de la música, dejándome llevar en aquellas últimas horas de la ciudad de Brno.

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