Mi vida vampira

Ha comenzado mi vida vampira. A la espera de sorberles las vísceras a otros inocentes. Por la mañana me protege mi ataúd. Lo tengo muy iluminado y parece bonito, colorido, simpático…Al caer la tarde, también yo caigo a los infiernos. Me rodeo de mi propio muerto viviente. Multiplicado, acechándome. Y yo lucho. Muerdo y le saco lo que necesito de su cuerpo, todavía caliente, con sangre reseca por toda su piel y las mantas que lo envuelven. Sus heridas están infectad

as. Y no me sirven sus vísceras para alimentarme. Me enfado mucho. Me agoto y noto el fuego del infierno en mi propia carne. Arde, arde, arde…Sube la temperatura. Lucho para no caer un estrato más abajo. En ese infierno…que me sube la temperatura. Y yo tirito. “No le dejes a ese demonio, ni a tus muertos vivientes, que se lleven tu alma, vampira”. Le muerdo un cuerno al demonio. Sabe a medicina. Y se deshace en mi boca, amargo, mientras Él chilla y yo le hago una peineta. Y me tumbo en mi ataúd. Está muy oscuro ahora. No veo nada. Solo siento. El dolor en mi cuerpo. La ansiedad que me sacude. Sabor salado de mi llanto. No logro discernir ya dónde empieza el infierno, ni dónde acaba la realidad. Ni siquiera sé si soy ahora vampiro o mujer. No sé cómo parar el infierno. Estoy débil. Acurrucada en mi ataúd me abandono al azar de la vida. Que luche ella por mí. O que me deje caer, ahora que ya estoy abandonada a su merced.

Ilustración del infierno de Juan Bernabeu

 

 

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