Gángsters de la palabra

—¿Vas a llorar? —le preguntó su hermano nada más meterse en el coche que los llevaba de la Audiencia Nacional al hotel. El rapero tenía los ojos vidriosos.

—No, voy a escribir un último tema antes de entrar en prisión. Los pienso amenazar de muerte a todos para cuando salga de la cárcel.  Que sientan impotencia y miedo cuando me tengan que dejar salir. Lo mismo que yo siento ahora. No, no me lo pienso tragar. Nunca lo he hecho. No tragaré con nada.

—Estás loco —le contestó su hermano, tres años menor que él.

—No sé si estoy loco. Más bien creo que loco está este mundo de mierda donde no se te permite cantar, ni imaginar, ni pensar diferente, ni opinar, ni nada. Sólo vales si votas a esa escoria. Eso sí que es una locura.

Su hermano pequeño le cogió el bíceps y se acercó al rapero para acabar apoyando la cabeza en su hombro. Al notar este afectuoso gesto por parte del pequeño, el rapero acarició la cabeza de su hermano y apoyó la suya encima, quedándose ambos pensativos durante un minuto.

—Tienes que cuidar de mamá —rompió el silencio el rapero, volviendo a ponerse nervioso.

—La vas a matar de un disgusto. Cuida tú de ella, coño. Deja de cantar ya. No seas tan terco. Retráctate o algo y que te absuelvan.

—Y un capullo!

—Eres un gilipollas. Así no ganas ninguna batalla.

—No he hecho nada malo. Tengo rabia de que unos sean unos privilegiados mientras otros no tenemos derecho ni a expresar nuestra rabia. Yo no he cogido un kalashnikov para matar a nadie, aunque ganas no me faltan. Y ¿por qué? Porque soy un buen tío, hostia ya…—al terminar esta última palabra se llevó el puño a la boca, que abrió para mordérselo y contener así la rabia de destrozar cualquier otra cosa del coche.

—Venga. Escribe ese tema. Grábalo, aunque sea en maqueta. Yo me encargaré de difundirlo y defenderlo —intentaba animarlo su hermano—. Me da igual si he de ir a la cárcel yo también. Que nos metan a todos presos si tienen cojones.

Sonrieron los dos, pero el pequeño ya lloraba.

—¿Por qué JoseMi?

—Por qué…—repitió casi murmurando el rapero. Jamás encontraría la respuesta.

—Yo no quiero que te vayas. No entiendo por qué te tienen que condenar de esa manera…Ahora soy yo el que quiero ponerle una bomba a la Audiencia Nacional. Te lo juro, me da igual todo —le decía a su hermano mientras iba secándose los lagrimones que no había podido contener más.

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Imagen de Jason Rosewell

Al día siguiente, el rapero trabajó por primera vez junto a su hermano la letra del tema que se convertiría en un himno de la resistencia underground musical. Le dejó escribir a su hermano todas las líneas que necesitó para depositar su ira. Ambos vaciaron todo su dolor, atacando al Gobierno, la oposición, la Corona, las élites financieras, la Iglesia y también a la sociedad en general, y lo hicieron con un tema repleto de referencias a decenas de películas, de manera que todos los ataques quedasen ocultos bajos estas licencias cinematográficas. Al final del tema se los cargaban a todos. Eran poetas urbanos del siglo XXI, gángsters de la palabra, apelando a la Primera Enmienda. 

*Para todos los gángsters de la palabra condenados:

Valtonyc, Hassel, Nacho Carrero, Libros del K.O., Cassandra Vera, Cesar Strawberry…

Y para Santiago Sierra, cuya obra de presos políticos ha sido retirada de ARCO

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