Cachorro apaleado

Los focos del paraninfo sólo la alumbraban a ella encima del escenario, cual estrella de cine. El resto del auditorio, donde cabían setecientas personas sentadas, a las que se habían sumado cerca de doscientas más ocupando los pasillos y las zonas de entrada y salida, estaba ya oscuro esperando escuchar las primeras palabras de la agitadora de conciencias empresariales. No veía nada en la oscura profundidad, así que respiró profundamente y empezó su TED Talk:

“Buenas tardes. Soy Robin Reus. Escritora y coach empresarial. Un día me sentí como ganado por el simple hecho de tener la necesidad de trabajar para otros única y exclusivamente por dinero. Muchos de vosotros, estudiantes de ciencias empresariales de universidad privada, nunca entenderéis lo que hoy vengo a contar aquí, pues no sabéis cómo empatizar con el de enfrente porque ni siquiera lo intentáis o lo habéis intentado alguna vez. Si nunca has intentado ponerte en el lugar de otra persona para sentir y tener su perspectiva sobre algo en la vida, ya puedes marcharte. Esta conferencia no es para ti. Y te recomiendo unas cuantas sesiones de coaching que te enseñen a ser persona antes que empresario.

Bien. Al resto vengo a contaros una serie de catastróficos encuentros dentro del mundo laboral que sufrí hace unos años, a los que, después de todo, he de agradecer que me convirtieran en la persona que hoy soy.

Soy de esa generación de primeros milenials, proveniente de una familia cualquiera de clase trabajadora, a los que prometieron que si se esforzaban en estudiar y tener muchos títulos y aptitudes, conseguirían vivir mejor que su generación precedente. Así que me preparé para ello. Saqué buenas notas en la secundaria para poder acceder a la universidad. Cursé una carrera. Entre medias de esta carrera pasé seis meses en el extranjero para aprender inglés. Y luego mejoré mi nivel gracias a la ayuda de mi abuela, que me pagó todo lo que faltaba tras obtener una beca Erasmus para estudiar en uno de los maravillosos, pero carísimos, países nórdicos. Justo al acabar la carrera ‘catacrack’ la crisis económica golpeó a España tan fuerte durante los primeros cuatro o cinco años, que acabó cargándose toda la clase media del país. Todavía resuenan los llantos de los obreros que nunca más han podido acceder a un puesto de trabajo. El Estado del Bienestar quedó para la clase alta, convirtiéndose todos en ricos. Al resto los hundieron a base de impuestos, que los ricos y sus gestores de alto nivel evitaban pagar; congelaciones salariales y precariedad, para que los ricos empresarios pudiesen seguir manteniendo su tren de vida; reformas laborales, que permitían a la clase empresarial despedir a trabajadores fácil y económicamente, para sustituir a esos mismos trabajadores por otros con contratos parciales, por horas y baratos sin ningún tipo de plus por antigüedad.

Con estas condiciones de mercado laboral y sin ningún capital social ni económico heredado, era una cachorrita a devorar en la jungla de asfalto. Y me mordieron por todos lados. Lo tenía todo para triunfar en un sistema idealista, ético y correcto donde los valores estuviesen por encima del dinero, que es el único estandarte del sistema capitalista actual. Tenía juventud; tenía ganas; tenía formación; tenía….Pero también tenía necesidad. Necesidad de dinero. Y por eso abusaron de mí, laboralmente hablando, desde el minuto uno.

Mi primer contrato ya fue un abuso. Setecientos euros netos por cuarenta horas semanales. Ah, claro, pero también teníamos los incentivos por venta de producción de programa. Vendía publirreportajes para una cadena privada nacional de televisión al precio de producción de 1.995 euros y, a partir de la quinta venta, comenzabas a llevarte un cinco, diez o quince por ciento de las ventas totales de programas. Y, creedme, con el método y la agresividad verbal del guión de ventas que debíamos seguir hasta conseguir que el director general o gerente de la empresa picase el anzuelo, no era fácil conseguir  estos incentivos por ventas. Al menos para mí, que no creía en este método engañoso de venta, en que la única verdad que se le comunicaba al cliente era el coste de producción al final de todo el guión por el que debíamos pasar. Además, hacíamos la presentación de nuestros publirreportajes vendidos y jamás se nos pagó un cánon  de imagen.

Pero he tenido experiencias todavía peores. Sí, futuros empresarios, que hoy estáis aquí y no dais crédito, pero quizá mañana vosotros mismos, o la gente con capacidad de decisión en vuestras empresas, actúe así porque los beneficios económicos siempre son lo primero, mucho más allá de las sensibilidades y necesidades de vuestra mano de obra, de vuestro ganado de explotación.

Un tipo con influencias y contactos una vez me hizo el favor de entregarle mi currículum a la encargada de personal de un local mítico de la ciudad en la que vivía. Y el mismo chico que me estaba haciendo el favor porque conocía mi necesidad, se permitió decirme: Oye, pero si te dan el curro el cinco por ciento de tu sueldo es para mí. Buah, todavía me duele aquella insensibilidad hacia alguien que está en condiciones inferiores. Le habría dicho que se metiera aquel puto curro por el culo, pero, una vez más, necesitaba el dinero y tragaba con lo que fuese, volviendo a sentirme un cachorro apaleado.

Tuve varios trabajos más de cuarenta horas por menos de mil euros, que obviamente aceptaba para poder pagar facturas. Y como los empresarios conocían las necesidades de aquella clase social venida a menos y completamente arrasada por una tasa de paro insostenible, te trataban como a ganado. Si no te gustaban las condiciones, o protestabas por injusticias o la falta de derechos laborales dentro de tu jornada, azote en el culo con un palo y a por el siguiente cachorro del rebaño. Y así la clase trabajadora nos convertimos en ganado frente a la piara de cerdos empresariales privilegiados. Obviamente, siempre ha habido, hay y habrá gente a la que le gusta hacer las cosas bien y que cree que la función de una empresa es una función social, más que capital. Sí, señores futuros empresarios, para mover el mundo hoy en día hace falta producción, hacen falta empresas y empresarios como vosotros que innoven y emprendan. Esa debería ser vuestra meta: hacer funcionar el mundo para todos, no sólo para los que se lo pueden permitir.

8373f493bb984719640ac6458c7568c7Por último, recuerdo una vez que, trabajando por horas para una empresa de personal con la que llevaba ya cinco años colaborando en eventos y producciones, me habían convocado para un trabajo de cuatro días, a doce horas diarias, en plenas Navidades. Y, tras el agotamiento del primer día trabajado, a las diez y media de la noche me llegó el siguiente mensaje:

Reducen mañana una persona en tu equipo. 

Me dicen que no vayas el resto de días.

Disculpa las molestias. Gracias

Otra vez tratada como ganado. Esclava de esos pocos que por contar con el capital creen que pueden decidir todo sobre la vida de los demás. Ahora estaban decidiendo que yo no merecía ganarme la vida, a pesar de haber tenido que reajustarla para poder currar esos días a razón de doce horas diarias. Para esta gran empresa de personal (que yo más bien habría llamado empresa de gestión de ganadería), sólo contaban los presupuestos, los cobros y los pagos. Sin embargo, que uno de sus activos (porque en una empresa de personal las personas son el activo principal) tuviese vida más allá del trabajo, tuviese necesidades y tuviese sentimientos poco importaba. ¡Y qué equivocados estaban! Pues no hay nada mejor para el aumento y la mejora de la productividad que tener y mantener a tus trabajadores contentos. Ellos ese día perdieron un activo que les funcionaba. Yo, en cambio, gané una lección que me ha llevado hasta este escenario en el que me encuentro hoy subida. De cachorro apaleado a rey de la selva. Ahora sólo me rodeo de los mejores cuidadores de leones. A los ganaderos de personas que vienen a mi consulta les digo que primero de todo tienen que aprender a sentirse ternero. En vuestras manos está el futuro de la producción y la productividad del país. ¿Queréis ser ganaderos de mansos, lentos y torpes trabajadores o preferís alimentar leones veloces y fuertes trabajando para vuestra empresa?”

Robin inclinó la cabeza hacia abajo a modo de saludo para que el público supiese que la conferencia había acabado. Diez minutos de discurso que dejaron a los estudiantes boquiabiertos de tantas verdades y tan increíbles anécdotas sobre el mundo laboral y empresarial en el que estamos inmersos. Poco a poco los estudiantes se fueron levantando de sus butacas para envolver a aquella invencible leona en un cálido e interminable aplauso, hasta que se encendieron las luces de todo el paraninfo y la gente empezó a abandonar el auditorio.

 

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