La pompa

—Vente Yas, estamos aquí, en la calle de atrás— sus amigos la esperan a la salida del curro.

Nada más llegar aspira del porro que le pasan. Una, dos y hasta tres caladas. Lo vuelve a pasar. Mientras hablan se acercan unos chicos. Todos más jóvenes que ellos.

—¿Habéis visto el gramo?

Yas y sus colegas les miran negando con la cabeza.

—Hemos perdido un gramo de speed. Nuestros otros colegas están buscándolo por allí— señala hacia la acera de enfrente.

Se apalancan a su lado. Dicen tonterías. Les estorban, pero no se dan cuenta porque van muy ciegos. A Yas y compañía ya les sube la pompa de la White Widow.

—Toma, mátalo— le dice uno de sus amigos.

Yasmine da un tiro más al porro, que ya le quema los labios. Por fin se van los dos acoplados. Uno de sus colegas comienza a imitarlos. Ríen a carcajadas, sin pensar en los vecinos que pudieran estar durmiendo. Yas a veces no les sigue. Está dentro de sí misma, mirando la escena desde fuera. Su amigo el rubio gesticula exageradamente, o eso le parece. Se sigue riendo, pero ya por pura inercia. Diez minutos más tarde de la subida del THC se despiden. Notablemente, le ha pegado fuerte. Ella esperaba unas caladitas de hachis para retirarse a casa y descansar tranquilamente y, de repente, esto la ha puesto a mil. Piensa que le gustaría poder mirar esos ojos color verde oscuro de su nuevo amigo durante más de un segundo seguido, pero se esfuerza por ocultar esa atracción.

En el metro lo de siempre, gente bastante joven y bastante perjudicada tras los efectos de la noche. Se sienta y frente a ella hay un chico completamente dormido, con la boca y los ojos medio abiertos. “Quizá esté inconsciente”, piensa ella. Con la cabeza agachada mirando hacia su móvil, esquiva las miradas del resto de ocupantes del vagón. Si le intentasen robar o alguna movida así ahora, casi no podría reaccionar. Se ríe al pensar en el ‘pelotazo’ y pasa a otra cosa. Total, ya está casi en casa. Se nota excitada. Imagina si Ojos Verdes la hubiese invitado a su casa. Y sonríe.

FullSizeRender (1)Abre la puerta. El gato la recibe, pero ella no le hace ni caso. Va al baño sin quitarse el abrigo. Mea mucho rato. Lo necesitaba. Se mira al espejo y se da cuenta que tiene los ojos un poco enrojecidos. Cara de payasa, con la nariz enrojecida por el frío, pálida con y unas enormes ojeras. Pulula sin centrarse por la casa, encendiendo y apagando las luces de diferentes estancias. “¿Como algo? No, mejor acostarse. ¿Pero cómo me voy a acostar, con lo que habla la tipa que hay dentro de mi? El gato me mira. Normal, todavía no le he dicho nada. Creo que me observa pensando Qué rara está ésta hoy, pero igual vuelven a ser los delirios de la hierba al acecho”, va pensando y hablando para ella misma. Se queda de pie en el salón. Completamente parada. Está haciendo demasiado ruido. “A ver, céntrate Yasmine, ponte el pijama y mejor si comes algo”, se dice, tratando de volver a la cordura. Se desviste con mucho frío y va a la cocina. Prepara cereales con yogur en un cuenco y vuelve al salón. Prácticamente se los engulle. “¿Cómo es posible que no pueda sacarme de la cabeza a Ojos Verdes? Esto me está jodiendo. Puaj! Me doy asco a mí misma, pensando en otro tío mientras mi novio duerme en la habitación de al lado. ¡A la mierda el amor infinito para toda la vida! Las relaciones con los años maduran tanto que a veces acaban pudriéndose. Necesito una aventura. Jajaja. Acabo de entrar en el Facebook y lo primero que han hecho es felicitarme por mi amistad con el primo de un amigo. Jamás me felicitaron antes por ninguna otra amistad, pero como nos están espiando saben que este año he tenido tres o cuatro chats con este chico. Y me dicen ¡Feliz cumpleamigo! Que les falta decir ¡Feliz follamigo! Facebook y sus putos algoritmos ya habrán interpretado que le estoy siendo infiel a mi pareja y venderán mi correo electrónico y demás datos a aplicaciones y websites de dating. Qué horror. Jodido Big Data de mierda. Otro conocido de Facebook ha escrito un post en su muro que dice: La persona más influenciable con la que hablarás todos los días eres tu. Ten cuidado entonces con lo que te dices a ti mismo. Jajaja. Y aquí me encuentro yo esta mañana, atizándome a base de soliloquio”, sentencia para sí misma, cerrando la aplicación de Facebook de su móvil e intentando alejarse de sus propios pensamientos. Pero no puede. Su mente está incansable. Piensa cómo hubiese sido acostarse con Ojos Verdes. Y se lo imagina tan excitante como en la canción Mitad y Mitad de Kase.O. Siente escalofríos recorriéndole el cuerpo. Por la hierba. O por el frío. O ambas. Quiere dormir, pero no cree que pueda. Le viene la ansiedad. Demasiada mierda se estrella ahora contra el dique de su mente. Se mete en la cama, se cubre con el edredón hasta la nariz y cierra los ojos para forzar cuerpo y mente al descanso, mientras los primeros rayos de Sol intentan ya colarse por los agujeritos de la persiana de su habitación.

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