El baile de mascarillas

Aquel edificio de habitaciones minúsculas, colores apagados y aparatos tecnológicos de última generación, que contrastaban con la antigüedad de las camas y las baldosas del suelo de los pasillos. Aquella era la verdadera ciudad que nunca duerme. Siempre gente entrando y saliendo de las habitaciones, cual burdel. Una cafetería 24h sirviendo cafés, picoteos y almuerzos. Personas disfrazadas de judokas. Vestidos con camisa y pantalón blanco, pero sin cinturón. Otros ataviados con camisa verde y vaqueros. Y todos escondidos tras las máscaras, como si estuviesen allí para un baile de incógnito, donde el que mejor bailaba era aquel que lograba adivinar los diagnósticos del mayor número de inquilinos del castillo.

FullSizeRenderElla veía el baile matutino desde su plaza por la mañana, pero por las noches salía a recorrer los pasillos, algunos en penumbra y otros completamente iluminados con una luz blanca que hacía resplandecer sus ojeras, cada día más oscurecidas alrededor de sus ojos. Un día, buscando la oscuridad de los pasillos, encontró un pasadizo que atajaba el paso del ala oeste al ala este y cuya cristalera absorbía todo el brillo de las estrellas. Se quedó allí contemplando aquel espectáculo de brillos y luces. Era algo parecido a la aurora boreal, pero que sólo se veía desde esa parte del castillo, a través de aquellos cristales. De repente le empezaron a doler los omoplatos. Un dolor que se intensificaba conforme los haces de luz la invadían. De repente se sintió fuerte. Ya no notaba esa sensación de decaimiento, ni mareos, ni flojera en las rodillas. Sólo sentía un dolor indescriptible en la parte alta de su espalda. Cuando la tormenta de luces terminó, dejando el pasadizo a oscuras bajo la luz tenue de a lejanía de los astros, ella cayó al suelo boca abajo, extasiada. Y se durmió.

Al despertar, quince minutos más tarde, se tocó en los omoplatos y estaba suave y esponjosa. Unas resplandecientes alas blancas le habían crecido en la espalda y notaba las plumas de aquellas dos nuevas extremidades de su cuerpo. Sin embargo, aunque girase la cabeza no alcanzaba a verlas. Eran invisibles a su mirada, sólo podía sentirlas. Se apoyó en sus manos y dobló las rodillas para coger impulso y levantarse del suelo, y cuando se incorporó lo hizo levitando. Por lo visto aquellas alas, la mantenían a cuatro dedos del suelo. No era necesario que caminase, sólo con pensar hacia dónde quería dirigirse, las alas la transportaban. Así que fue a reunirse con todas aquellas personas que acudían cada noche al baile de mascarillas. En el pasillo de la primera planta se reunían todos, por pequeños grupos, en diferentes habitaciones, todas dotadas de potentes focos, pero a oscuras mientras las personas no se tocaban entre sí. Ella, convertida en inmortal diosa de las estrellas, iba desplazándose de sala en sala, sin tocar el suelo. Contemplaba el espectáculo de tonos verdes, blancos y rojos, todo iluminado con enormes focos de luz artificial, nada que ver con las luces de las estrellas con las que se había encontrado en el pasadizo. Sin embargo, ella sí desprendía una luz brillante, como si de la diosa griega Aestrea se tratase. Y cuando esta luz entraba en contacto con los mortales del castillo ejercía un poder curativo sobre los inquilinos que estaban tumbados en la sala, los que ni siquiera bailaban ni hablaban porque tenían los ojos cerrados, a pesar de ser el centro de atención del salón de baile. Cuando ella se acercaba a quienes estaban tumbados y los rozaba, éstos abrían sus ojos y se ponían en pie, extendiéndoles la mano a todos los que les rodeaban, señores y señoritas con las mascarillas aún puestas, cuyos ojos se llenaban de lágrimas al percatarse del milagro estelar al que estaban acudiendo. Comenzaba entonces un nuevo baile de mascarillas caídas e inquilinos recuperados.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s