Banana Swing

La suya era una historia con banda sonora. Cuando se vieron por primera vez Sing, Sing, Sing, de Benny Goodman, sonaba de fondo. Hoy era el cumpleaños de Javi. Setenta años ya. Toda una vida. Ese día del año a él siempre le gustaba acordarse de María, a quien vio por última vez en Barcelona cuando cumplía veintiséis, cuarenta y cuatro años atrás.

La recordaba como una trompeta. Siempre con corsés y camisetas ceñidas por arriba. Sus pechos como pulsadores de pistón y su falda voladora por debajo de las rodillas, asemejando el pabellón dorado de una trompeta. Solo se vieron dos veces en la vida, pero quizá fuese lo más profundo que Javier nunca hubiera sentido por alguien. A lo mejor era por eso mismo. Por el poco tiempo que el destino les prestó para estar juntos. Porque solo le dio tiempo a ver lo mejor de ella, sin llegar a conocer jamás ninguno de sus defectos. Cerraba los ojos y podía verla con su ropa de swing, rubia y esbelta. Todo sonrisas en la pista de baile.

—Hola, soy Javi, ¿puedo ser tu guía?— preguntó él, sin mayores miramientos, tras un par de cruces de mirada con ella.

—Hola, soy María, vamos a la pista— afirmó ella, levantándose de aquella mesa de mármol, tipo años veinte, con que estaba decorado el único club de jazz de León, el Banana Swing.

Al son de los temas más populares de jazz y swing, se contaron mil y una anécdotas, gritándose al oído, para escucharse por encima de la música. Ambos eran apasionados  del lindy hop y lo bailaban a la perfección. Ella, dejándose llevar por todas las figuras que él iba pintando con sus pasos en el suelo de aquel salón. Terminó la música y ellos no podían separarse. Siguieron hablando mientras daban un paseo en la fresca madrugada veraniega de León. Ambos querían que el tiempo se parase, pues ella salía al día siguiente hacia Galicia, en un viaje que comenzó en la provenza francesa y que la llevaría hasta latinoamérica.

Pasaron la noche juntos, abrazados en una cama individual de albergue juvenil, contemplándose y acariciándose. Pero no hicieron el amor. Al menos no físicamente, porque María estaba segura de que había habido amor tántrico, metafísico. Una sensación como de viajar fuera de esta órbita, explotar y fundirse con la otra persona en polvo de estrellas. Sin coito.

La mañana siguiente Javi decidió que la acompañaría hasta la siguiente ciudad, pues era fin de semana y no tenía clases hasta el martes. Él tenía entonces veinticinco años y María treinta y tres, por lo que sabían que sus planes más próximos no coincidían. María había pasado viajando alrededor de todo el mundo los últimos ocho años. Cuando terminase este último viaje quería asentarse en su ciudad, buscar un trabajo estable, y encontrar a alguien con quien formar una familia. Javi, sin embargo, terminaría de estudiar este año y sus planes inmediatos eran salir a buscar trabajo a cualquier país de Europa, o en Estados Unidos. Así que debían aprovechar aquel fin de semana en Santiago de Compostela y A Coruña, porque probablemente fuese la última vez que se verían. Comieron los mejores manjares de Galicia y bailaron, y bailaron todo el fin de semana, en diferentes clubs y encuentros de swing. Y cuando no encontraron un sitio donde bailar, lo hicieron en cualquier plaza pública, poniendo la música desde los altavoces de su smartphone. Lo que más les unía era amor al swing y su conexión al baile. Ambos estaban enganchados a bailar el lindy hop.

IMG_6154

—A una mujer podría perdonarle cualquier cosa, con tal de que compartiese conmigo mi amor por el swing.  Y a ti este amor te sobra, y con el resto podríamos llegar a acuerdos— le dijo Javi a María, a modo de declaración, cuando se vieron por última vez el día de su vigésimo sexto cumpleaños.

—Lástima que mi cuerpo no perdone diez años más para ponerme a criar hijos— contestó María. Ni siquiera estaba triste por tener que decirle a Javi que lo suyo no podía ser. Quizá pareciese la persona perfecta para María, pero si el azar los puso lejos y en distintas etapas de la vida estaba claro que todo aquello debía terminar aquel día, en aquella estación de tren.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s