Una vocal para celebrar

Aquella magia. Cada vez que encendía su cigarro de hierba, aspiraba la verde magia que tanto la asosegaba. ‘La María’ la acompañaba desde su adolescencia y también estuvo ahí durante todos estos años de transformación, hasta que consiguió su último DNI, en el que ponía Rafaela Rasposo Escolano. Más de doce años luchando por aquella vocal, la primera del abecedario, la vocal que la dignificaba como transexual y la reconocía como mujer. Aspiraba una nueva calada y seguía pensando en aquella vocal. Hoy cumplía 39 años y los recuerdos le estaban poniendo la piel de gallina. Se acordaba de haber llorado tanto…

A su alrededor contemplaba a los parroquianos del club, gente asidua a aquella asociación cannabica. Chicos, chicas, señores, señoras, de aquí y de allí, de todas las clases sociales y sectores profesionales que, como ella misma, acudían al club a disfrutar de unos porritos y probar las diversas variedades y mezclas de hierba que allí se les podían dispensar. Adoraba a algunas de aquellas personas, que la vieron llorar como hombre y ahora la veían reír y disfrutar como mujer, impasibles ante los cambios físicos de su cuerpo.

El primer novio de Rafaela fue un chico muy joven, David, con el que compartía momentos desde que puso un pie en aquel club. Se enamoraron a las pocas semanas de conocerse, pero hasta que Rafaela no se puso tetas, no quiso tener sexo con él. Salieron como pareja cerca de un año, pero la juventud de David lo alejó de aquella ciudad que, sin embargo, para Rafaela era perfecta para sentirse como una más, sobre todo a partir de ahora que se la reconocía ‘legalmente’ como mujer.

—Anda, recárgame treinta euros en la cuenta, bonita. Voy a ver si me paso por el dispensario a por algo potente, que hoy con los diseños estaba totalmente atrapada. Además, tengo algo que celebrar —le pidió Rafaela a una de las trabajadoras, mientras le tendía los billetes en la barra.

—Hecho. Ya puedes irte a hacer brainstorming con ‘La María’ —sonrió la chica de la barra.

Cada noche, con su portátil o su tablet, Rafaela y ‘Su María’ proyectaban diferentes bocetos de escenografías teatrales, que posteriormente Rafaela presentaba al equipo de dirección y producción teatral para el que trabajaba. La victoria de Rafaela sobre su sexo de nacimiento, significó también el renacimiento de una nueva persona, cuya creatividad había permanecido encerrada todos aquellos años junto a su verdadera sexualidad. Rafaela sobrevivió a los horrores de su feminidad escondida gracias a los colocones de marihuana sativa, que la hacían volar por encima del resto. Para ella la sativa era mágica, le otorgaba un estado etéreo que le permitía salir mentalmente del mundo y ser como quisiese.

—Todos sabéis que yo cuando fumo, además de diseñar, puedo ser lo que quiera. Mujer, macho alfa, policía o ladrón —le gustaba bromear a Rafaela, enfatizando la magia que el THC provocaba en su persona.

—Venga, mueve tus caderas de Rafaela y déjate de machos alfa. Vamos a celebrar tu “A”. ¡Abre el cava! —comentaba entusiasmada otra socia.

Rafaela pasaba en el club más horas que en su estrecho apartamento de single. Consideraba a muchas de aquellas personas su familia, pues a los suyos de sangre los dejó seiscientos kilómetros atrás, hacía ya quince años.

Y cada tarde igual en el club. Fumando, bromeando, diseñando, creando su mundo especial, lleno de personas a las que el resto llamaba, despectivamente, o casi, ‘fumetas o fumaos’, pero que para ella fueron imprescindibles como unas botas cuando para salir de la cama tenía que caminar sobre una alfombra de espinas y fuego.

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