Pokemons, sexo y anuncios de pizza

—Si me preguntas cómo pasamos del sistema capitalista al sistema virtual, en el que todo lo que nos rodea ahora es mera ficción metafísica, tengo una historia que contarte…

“Era el año 2019 cuando los llamados videojuegos evolucionaron hasta alcanzar el grado de realidad virtual aumentada. Convirtieron en reales los escenarios y espacios recreados como ficción. Dentro de la realidad virtual, el espacio ficticio estaba alrededor de la persona y ésta dejaba de sentirlo falso porque, aunque no podía tocarlo, sí podía experimentarlo, al menos mediante la vista, el oído y el olfato. Esta falsa realidad, adquirida a través de un juego, era capaz de alterar tres de nuestros cinco sentidos. Por ejemplo, si el avatar entraba en una pizzería, podía ver el horno de leña a pleno funcionamiento, a los pizzeros fabricando la masa, rodeados de infinidad de ingredientes listos para echarle a la pizza, la barra donde un puñado de gente esperaba a ser atendida y unas cuantas mesas al fondo del local. Desde que la persona entraba en la pizzería, se disparaba a través de las gafas un aroma a pizza recién hecha capaz de poner en marcha su sistema neurológico para acabar salivando y deseando llevarse a la boca una apetecible y grasienta porción de la popular comida italiana. Muchas personas pausaban el juego y llamaban al teléfono destacado que les estaban lanzando a través de la pantalla con un simple toque de su dedo índice en el ángulo inferior derecho. Así fue como los jóvenes desarrolladores de realidad aumentada consiguieron financiación para más y mejores proyectos de juegos virtuales, mediante marcas patrocinadoras que inundaban los escenarios de dichos juegos y que terminaban vendiendo sus productos gracias a la experiencia creada dentro de la pantalla y disfrutada por el jugador.

Debido a tal cantidad de incentivación sensorial ficticia, mucha gente se volvió completamente obesa por atender a deseos virtuales alimenticios que no obedecían a las calorías que realmente necesitaba su cuerpo. Otras personas, que jugaban a juegos con peleas multitudinarias, guerras y explosiones, llegaron a coger cuchillos y todo tipo de armas blancas y pistolas o rifles, para acabar con la vida de personas, familiares, amigos, que estaban o pasaban a su lado mientras éstos se encontraban bajo los efectos de la realidad virtual aumentada y a los que confundían como sus enemigos del juego. Otros sencillamente se suicidaban. Decidían acabar con sus vidas para no perder la partida, o por pánico a lo que podía llegar a ocurrirles dentro de esta ficción hiperrealista.

El porno virtual también tuvo una gran acogida por parte de la población. Partidas donde podías satisfacer cualquier tipo de fantasía sexual, hasta las más agresivas o vejatorias. Los más trastornados podían conseguir que una persona irreal se mease o vomitase del miedo y luego acabar clavándole la polla y corriéndose en su cara y en su pelo. Se follaban a quien pillasen por delante, creyendo que era el personaje de sus fantasías virtuales. Aunque chillasen, al no tratarse de una situación real, las víctimas sexualmente agredidas, quedaban completamente desprotegidas ante la ley.

De tanta realidad virtual consumida, más de la mitad de la población se convirtieron en gente sádica y violenta. Cuanta más violencia eran capaces de aportar los productores, más ventas tenía dicho juego.

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Cuando este ocio virtual llegó a los adolescentes, que de cazar pokemons por la calle pudieron pasar a sumergirse en cualquier tipo de aventura o mundo ficticio, pero a la vez más real que la mayoría de situaciones vividas por ellos hasta el momento, el Gobierno empezó a plantearse medidas regulatorias para este tipo de tecnologías de ocio. Se realizó un análisis en profundidad de la situación de la realidad virtual. Se redactaron leyes que regularon el sector y se prohibió su comercialización como juego o servicio de entretenimiento, quedándose el Gobierno con todo el conocimiento y experiencia del desarrollo y los efectos de este tipo de aplicaciones virtuales. Empezaron a desarrollar sus campañas políticas, apoyándose de herramientas como las aplicaciones de realidad virtual aumentada, llegando a todos ls ciudadanos a través de sus smartphones y tabletas. Al abrir la aplicación propagandística podías sentir y experimentar el vacío, pobreza, soledad, el frío del que continuamente hablaban todos los representantes del Gobierno en televisión y a través de redes sociales…Implementaron también en la aplicación un sensor capaz de transmitir frío, calor y dolor desde la yema de tu dedo hacia las cuatro extremidades y el tronco. Además de conocer los horrores si los grupos políticos de la oposición llegaban al gobierno, podías acariciar las bondades que te traerían ellos si gobernaban el país. La instalación de la aplicación en tu teléfono inteligente les servía a ellos para recoger toda la información necesaria y redirigir los patrones de funcionamiento hacia tus preferencias. Si eras dependienta de una tienda, podías entrar en la aplicación y abrir tu propia tienda, para ponerte a despachar tu negocio como tu quisieras y tener cuantos empleados deseases. Si eras asistente de dirección del director de una gran empresa, con las gafas puestas te podías ver como un mando de la cúpula de esa empresa, o de consejera, haciendo una presentación en la que el resto de consejeros, sentados alrededor de una lujosa mesa de juntas, en la que no faltaba el catering del desayuno, todo bien puestecito y apetitoso, escuchaban expectantes tu exposición. “Con nuestro sistema no os faltará aquello que anheláis”, decían todos los ministros. No mentían, dieron a cada uno lo que quería, a través de la realidad virtual aumentada, pero nos quitaron todo aquello que realmente poseíamos fuera de la pantalla, incluidas las relaciones personales, dejándonos solos y con una conciencia totalmente individualista. Antes de que la población se diese cuenta del robo al que habían sido sometidos, el Gobierno obtuvo una histórica mayoría absoluta, que lo cambió todo para siempre introduciéndonos de lleno en el sistema virtual actual en el que ya no podemos distinguir entre realidad y ficción.”

2 comentarios sobre “Pokemons, sexo y anuncios de pizza

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